Si vas a perder, que sea el miedo.

Yo desde pequeñita he querido ser una superheroina; una de esas niñas que no necesitaban dar la luz para ir hasta el baño por ese largo y oscuro pasillo que me separaba de él, una de esas niñas que entraban en la casa del terror con los ojos bien abiertos y saludando a las momias y a los fantasmas con una amplía sonrisa, una de esas niñas que sabía defenderse sola cuando las chicas mayores se metían con ella. Pero no, yo siempre he tenido miedo a muchas cosas: a la oscuridad, a las brujas de los cuentos, a los secuestradores que me raptaban en sueños… Y aunque siempre he tenido mucho miedo, no me gustaba reconocerlo, siempre me enfrentaba al miedo con la cabeza bien alta y con el corazón aterrorizado. Tampoco me gustaba huir porque en las películas de superhéroes huir era de cobardes y yo, nunca he estado dispuesta a serlo. También, me gustaba demostrar que era fuerte: seguía corriendo a pesar de la herida que sangraba en mi rodilla y fingía que no me dolía cuando me la curaban con alcohol, aunque por dentro estaba gritando de dolor y mi puño buscaba desesperadamente algo a lo que aferrarse. Y ahora que soy más mayor, me doy cuenta de que no soy muy distinta a esa niña de seis años que llevaba felpas y que tenía miedo a quedarse sola, pero que haría cualquier cosa con tal de que su  orgullo saliese ganando de nuevo y que jamás permitiría que el miedo se apoderase de su vida.

Chica dura, corazón blando.

Yo, una chica ni más ni menos, como las demás, tal vez un poco más alegre, o un poco más cobarde, pero como todo el mundo, única. Una chica super orgullosa y cabezota. Una chica infantil y con las mismas ilusiones que una niña de siete años. Una chica no muy distinta a las demás y a la que le gustan los tacones y los zapatos de cristal. Una chica que escribe palabras en las tostadas con mantequilla y que dibuja corazones en las manzanas. Una chica que siempre esta sonriendo y que no puede pasar ni un solo día sin cantar, o reír. Una chica que le encanta colocarse rosas en el pelo y pulseras en los tobillos. Una chica a la que le encantan los vaqueros y dar conciertos en la ducha. Una chica que da puñetazos al aire para desahogarse. Una chica que si pudiera, se alimentaría a base de regalices y ladrillo con pica-pica por encima. Una chica que prefiere la tarta de chocolate a la de manzana. Una chica que no tiene claro si su pelo es marrón oscuro o negro, y que le priva mirar al techo. Una chica que intenta disimular su miedo detrás de un cristal transparente. Una chica que no sabe lo que busca y que siempre se equivoca. Un chica que prefiere vivir en el presente que mirar hacia el futuro. Una chica a la que le gustan las montañas rusas, las aventuras y los retos. Una chica que apenas sabe nadar. Una chica que quiere comerse el mundo de un solo bocado. Una chica que siempre seguirá subiéndose a los columpios y que siempre se quedará con ganas de montar en el tiovivo. Una chica que nunca se privará de comerse un huevo kinder y disfrutará montando la figurita. Una chica que va sin chaleco antibalas, en medio de un tiroteo. Una chica que intenta pensar siempre en rosa, aunque quiera pensar en azul oscuro. Una chica que se muerde las uñas, y que, nunca, jamás aprende.

Demasiadas cosas lógicas a nuestro alrededor.

1+1 son dos. Las cosas no se mueven solas. La lluvia cae hacia la tierra, no hacia el sol. Si tengo tres manzanas no puedo comerme cuatro. No puedes volar. Si los peces están fuera del agua se mueren. En invierno hace frío y en verano calor. El gato persigue al ratón. No puedes caminar por encima del agua. El cielo es azul, la hierba verde y el agua transparente. Lógica, siempre fastidiando nuestros planes. Quiero volar sin tener alas. Quiero cruzar el estrecho de Gibraltar caminando. Quiero ver el cielo rosa, la hierba amarilla y el mar naranja. Quiero coger el mando de la televisión sin necesidad de levantarme del sofá. Quiero comerme este mundo y el de al lado. Quiero ver a los peces nadando en el aire. Quiero ir en pantalón corto y tirantes al instituto y bañarme en la piscina con el abrigo puesto. Quiero desafiar a la razón.

Vid(a)eojuego

¿Te imaginas? ¿Te imaginas que la vida fueses como un videojuego? 
Un videojuego, en el que puedes guardar la partida, y seguir jugando mañana, o borrarla y empezar de nuevo. En el que puedes darle al "pause" y que todo se congele, para poder tomar mejor las decisiones, y no tener que equivocarte siempre, o casi siempre, y lo mejor; para paralizar esos momentos tan bonitos, junto a las mejores personas, para poder darle al "replay",  y repetirlos una y otra vez.

En realidad, estaría bien eso del videojuego; pero, la vida sería un poco aburrida, ¿no crees? Todo el día igual; si cometer ningún error, sin tener aventuras nuevas, y repitiendo los mismo momentos siempre. Siendo perfecta, con una vida perfecta, ¿pero para que quiero yo eso? ¿Para que quiero ser perfecta y tener una vida perfecta? ¿Para qué? Si yo, estoy bien siendo perfectamente imperfecta y llevando una vida con tantos errores, de los que después, aprendo, o vuelvo a caer.

Pero pisando tierra firme, no volando, para luego, pegarte otra hostia, como las de siempre.


Cuando creces, es cuando te das cuenta de la cruda realidad.

Y es verdad que las cosas cambian, y te das cuenta que no hay ningún monstruo tras el armario, que aprendes que el negro no se lleva en verano, que el lobo de los tres cerditos no existe, y que los príncipes se han extinguido, o tal vez que nunca hayan existido.
Aprendes que las rosas no son todas rosas, que el rojo y el rosa no combinan y que la locura, es el medio más eficaz a la felicidad.
Que la moda cambia continuamente y los pantalones blancos al final del día son negros, aprendes que es a veces es mejor el silencio que las palabras y que la fidelidad... ¿Fidelidad? Ya no hay de eso. Te das cuenta de que las amigas de verdad se cuentan con los dedos de una mano, que el amor es jodido, que hay mucha mentira, y que no todo es rosa.
Que la crisis empeora, y que el paro aumenta, que cuando amas, estas jodido, que no es más rico el que mas tiene, si no el que menos necesita, que hay que tener cuidado por dónde caminas, que hay personas que dejan huella y que hay momentos, personas, besos y abrazos, que no se olvidan.

No le tengo miedo a nada, ni a nadie.

Así que, querido destino, sobreviviré a todo lo que me eches.

Lo diré una vez más, aunque me caiga después de espaldas al suelo;

todo saldrá bien.

No hay nada mejor que las pequeñas cosas, para darte cuenta de lo que vale la pena seguir adelante.

Posiblemente no te conozco tanto como quisiera conocerte, no sé cual es tu color favorito, ni tu número de la suerte, ni en que piensas cuando no puedes dormirte, si eres alérgica o no al pelo de gato, si tienes fobia a las arañas, es muy probable que no sepa si te gusta más el chocolate blanco o el negro, no sé si prefieres carne o pescado, ni si te gusta estar sola o acompañada.
¿Pero sabes?, sé que eres una de las pocas personas en las que se puede confiar, sé que si tienes algo que decir, lo sueltas, que no tienes miedo a enfrentarte a nadie por defenderte, que sientes mucho, que pareces dura por fuera pero en realidad eres muy frágil por dentro, que te puedes desbordar en cualquier momento, y cuando eso ocurra yo voy a estar ahí, cuando necesites una mano a la que apretar con todas tus fuerzas y descargar esa adrenalina que llevas dentro, siempre tendrás la mía, que descargas toda tu furia con lágrimas, que puedes llegar a conseguir todo aquello que te propongas, eres fuerte aunque a veces pienses lo contrario, posiblemente no sepa si te gustan más las pizzas o las hamburguesas pero lo que si sé es que tienes un corazón que no te cabe en el pecho, y para mí saber eso es suficiente.
Rocío Montes Muñoz, te quiero pequeña.